El trío de aventureros
caminaba sin ningún rumbo en particular por las calles de Pashin. Mientras
debatían acerca de qué lugar sería el mejor para buscar alguna ocupación que
les distrajera de su monótono deambular, oyeron cómo a su derecha dos matones, encabezados
por un borracho ergothiano, amenazaban a un kender y a su hija, acusándoles de
haber robado una bolsa de monedas. Bardo, demasiado compasivo como para ignorar
la situación sin más, se abrió paso entre el kender y el borracho con talante
apaciguador, intentando que nadie saliera herido. Un loable acto que fue no
obstante desbaratado por las amenazas que Dusk, movido por el aburrimiento,
profirió al borracho.
Después de un breve intercambio de bravuconadas, el enano desenvainó el
hacha y las cosas acabaron más rápido de lo que empezaron. Dos matones partidos
por la mitad y un tercero sujetándose las tripas mientras emprendía la huída.
El kender, muy agradecido por el rescate, les preguntó si tenían algún lugar
donde pasar la noche, ya que le habría encantado alojarles en su casa como
pago. Los aventureros, manoseando las flácidas bolsas de dinero que pendían de
sus cintos, aceptaron sin dudar.
A todo esto, unos rumores
se hicieron oir a voces a través de su conversación. Parecía ser que el
archiconocido Heraldo iba a ofrecer sus relatos al público de la taberna del
Cuervo herido. Un entretenimiento de tamaña calidad, y más importante aún,
gratuito, resultó demasiado tentador para el grupo, que se dirigió sin demora
al lugar señalado.
La posada se encontraba
abarrotada, y en el estrado un hombre de unos 60 años con el pelo completamente
blanco se aclaraba la garganta. El heraldo sin duda. Se abrió paso entre los
gritos, silbidos y peticiones demandó silencio. Hoy les hablaría de Mina, la
mujer que nació de una tormenta, de cómo la reina de la oscuridad robó el mundo
y de cómo fracasó al intentar ejercer su completo dominio sobre éste, muriendo
en el empeño. En cierto momento del relato relativo a cómo los caballeros
oscuros fueron rescatados por los minotauros, se desató el tumulto. Algunos
clientes no estaban de acuerdo con esa versión de la historia. Una botella
voladora noqueó al Heraldo y el tumulto se convirtió en una auténtica batalla.
Bardo volvió a probar suerte con sus palabras apaciguadoras, y recibió como
respuesta un violento empujón. Mélnar, el enano, se apresuró a meterse debajo
de una mesa, y Dusk, viéndose encarado por cuatro camorristas, invocó sus
poderes místicos y creció hasta alcanzar el techo de la taberna, descargando su
maza de pinchos sobre una mesa mientras rugía. La clientela, ante la aparición
de un gigante, huyó en desbandada hacia la calle, dejando el local vacío y a su
posadero sollozante por el destrozo.
Recuperando su tamaño
normal, Dusk se apresuró a socorrer al heraldo, seguido de cerca por sus
compañeros. Una vez hubo recuperado la consciencia, les agradeció la ayuda
mientras les miraba sorprendido. Aclaró el motivo de su sorpresa contando que
soñó con ellos y con el papel que jugarían en la recuperación de una llave muy
importante para el futuro de Ansalon. Cuando le preguntaron acerca de la llave,
les cuenta que es un objeto muy antiguo del reino de Silvanesti, que se
encuentra ahora en posesión de un ex miembro de los caballeros negros llamado
Pegrin. Y que no era una llave en el sentido estricto de la palabra. Pegrin la
robó del palacio de Silvanesti, y debían arrebatársela antes de que fuera
demasiado tarde. Les reveló que el bandido se encontraba en un campamento
cercano a la ciudad, pero no sabía dónde exactamente. Exhaustos por las
emociones de la tarde, se dirigieron a casa del Kender para pasar la noche,
éste les recibió con una amplia sonrisa y algo de cenar.
A la mañana siguiente,
mientras el kender preparaba el desayuno, se les ocurrió preguntarle acerca de
Pegrin. Sorprendentemente resultó conocer la localización exacta del
campamento, y después de comer unas salchichas y tortilla, se dirigieron sin
más demora hacia allí.
Ya próximos al campamento
y divisándolo desde los matorrales, Bardo sugirió que podían tratar de hacerse
pasar por bandidos buscando una banda a la que pertenecer. El silencioso enano
hizo un gesto que se podía identificar tanto como por un sí como por un no, y
Dusk aceptó el trato con la condición de que fuera él el primero en dirigirse a
Pegrin como emisario.
Utilizando el sigilo,
Bardo se escabulló entre la hierba directo hacia el campamento. Sus dotes
sigilosas resultaron ser tan efectivas como sus palabras tranquilizadoras, así
que disparó una alarma y fue capturado y desarmado antes de poder siquiera
salir de entre los árboles. Lo plantaron ante Pegrin, y tuvo lugar la siguiente
conversación:
-¡¿Quién eres y qué haces en mi campamento?! ¡Cómo nos has encontrado!
-Me llamo Bardo, y vengo en representación de unos amigos. Queremos
unirnos a vuestro grupo.
-¿Dónde está tu grupo? ¿Qué podéis ofrecernos?
-No puedo decir todavía dónde están. Yo soy bueno con el sigilo y las
armas.
-¿Sigilo? Pero si no has puesto un pie en el campamento y ya te habíamos
descubierto. Creo que vamos a cortarte la lengua para que no puedas indicar
nuestra localización.
-Todavía me quedarían los brazos para indicar el camino.
-Tú no eres muy listo,
¿eh? Metedlo en una tienda y custodiadle.
Dusk y Mélnar
contemplaron la escena apesadumbrados. Si entraban ahora de buenas, serían
apresados como él, y ninguno de los dos se veía colándose a escondidas.
Resolvieron que lo mejor era un ataque suicida directo. Dusk pronunció el mismo
hechizo que en la taberna y creció hasta alcanzar los tres metros de altura,
cargando junto al enano contra los dos guardias más próximos, propinándoles
respectivamente un hachazo en el costillar y un gigantesco mazazo en la cabeza.
Acto seguido, Dusk se dirigió hacia la tienda donde se encontraba cautivo
Bardo, levantando la tela, metiéndose dentro y dejando anonadados a los dos
guardias. Con su tamaño y quedándole la tela de la tienda como una sábana a un
fantasma, su ataque contra los guardias no resultó muy efectivo, cosa que no
importó demasiado. La picadora de carne enana entró en ese instante e hizo
alarde de su hab ilidad con el hacha. El campamento ya se encontraba alertado,
y varios bandidos liderados por Pegrin se dirigían hacia ellos. Soltando
espumarajos por la boca, Pegrin arremetió contra Dusk, atravesándole el hombro.
Dusk viendo que su vida empezaba a correr peligro, conjuró un hechizo que le
curaría poco a poco, cerrando sus heridas aunque cayera inconsciente en
combate, cosa que no tardó en suceder. En medio de la algarabía, Bardo se había
agenciado la espada de un guardia caído y atacaba a Pegrin, mientras un tipo misterioso
lanzaba sus conjuros arcanos contra los héroes. Dusk recuperó la consciencia,
volviendo a su tamaño normal. El trío aunó sus fuerzas para darle muerte a
Pegrin, al mago y a varios bandidos, mientras el resto huía por el bosque.
Por fin, todo se había
resuelto favorablemente. Arrebataron una llave del cadáver de Pegrin y
saquearon los cuerpos. Dusk utilizó sus poderes para curar al grupo y para
detectar auras mágicas en los alrededores, encontrando varias que provenían de
la tienda más grande del campamento. Algo irradiaba bajo unas mantas y otra
desde dentro de un cofre cerrado. Dusk abrió el cofre con la llave de Pegrin,
llevándose una desagradable sorpresa al saltar una trampa y clavársele una
aguja en la mano. Por suerte, si estaba envenenada, no hizo ningún efecto.
Dentro encontraron 150 pa y tres tallas de jade, que el enano reconoció como
arte silvanesti y tasó en 75 pa cada una. Encontraron también una caja de
música. La visión mágica de Dusk le permitió ver que cuando sonaba la canción
el aura se hacía más intensa, así que supusieron que esa debía ser "la
llave". Debajo de las mantas había una bolsa con gemas y 2 pociones que
Dusk identificó como de curación.
A continuación se dedicaron a registrar metódicamente el resto del
campamento. En la primera tienda que miraron, cayó un falso suelo (y ellos con
él) en un foso de estacas. El enano salió bastante malparado y Dusk agoto sus
recursos curativos con él.
En vista de su desagradable experiencia con las trampas, el místico
decidió esperar junto a la hoguera mientras los demás exploraban, cayendo
cómicamente en otro foso. Esta vez fue Bardo quién se llevó la peor parte,
quedando inconsciente y gravemente herido. Dusk cerró la herida como pudo ayudado
por un débil conjuro,y llevándolo a hombros medio inconsciente.
Tras ello, pusieron rumbo de regreso a Pashin.
Leyéndolo, parece que todo lo que hice estuvo mal. Pero no, soy el líder espiritual del grupo y por eso conseguimos ganar...
ResponderEliminarPD: No esperéis ni de coña que mis resúmenes sean tan largos y precisos, xD.
No es que todo lo que hicieras estuviera mal, sino que todo te salió mal xDDDDDD cambia de dado.
ResponderEliminarPor cierto, ¿Cómo que tipo misterioso lanzando conjuros arcanos? No, era una especie de mago con lucecitas de colores.
Proyectil mágico y rayito de escarcha, casi nos mata.
Qué descojone con la recreación del diálogo y con las "momento trampas" de las tiendas XDDDD
ResponderEliminarMuy buena crónica.
Con EL "momento trampas" quería decir... U_U
ResponderEliminarOjo que viene un kénder xD
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